Lesbiana, soltera y empoderada. Mi camino de la felicidad

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Anoche tuve una cita. Una chica que conocí por una app. Otra cita fallida, la cuarta de este año. Mis amigas me dicen que me he vuelto muy exigente, que ya nada me vale. Y yo me río. Es posible que sí. No tengo prisa. ¿Y sabéis por qué? Porque el amor de mi vida me espera cada noche en casa. Lleva pañales y está comenzando a dar sus primeros pasos: Nicolás.

La vida no suele ser como la planeamos. Estuve a punto de casarme con la que fue mi novia durante siete años. Teníamos casi toda nuestra vida ya soñada y planeada. Pero la vida no la iba a compartir con ella, mi camino era un niño de mofletes gordos y ojos azules.

El día que perdí a mi padre me di cuenta que la vida era demasiado efímera y que tenía que sacarle el máximo partido. Fue una de las cosas que me impulsó a terminar una relación que había caído en la rutina. Y también lo que me impulsó a emprender laboralmente. Tres años después, ya con mi economía más estable, di el gran paso, buscar formar mi familia, mi familia monoparental.

Mi entorno me decía que estaba loca, que me esperara, que sola no podría. Que mi posible futuro hijo no solo no tendría padre, sino que además una mamá lesbiana. Llegué un poco indecisa a la consulta de IVF-Life, la clínica que me habían recomendado varias amigas. Y me hicieron sentir tan bien con mi decisión, me dieron tanta confianza con otros casos de madres solteras y madres lesbianas, que supe que estaba en el camino correcto y tenía que seguir mi intuición.

La primera recomendación fue medir mi fertilidad. A mis 38 años y con una reserva ovárica aceptable podía intentar una inseminación artificial con semen de donante, pero ¿y si en el futuro quería más hijos? Al explicarme todas mis opciones decidí una fecundación in vitro. Quería poder tener otros embriones del mismo donante congelados.

Mi entorno seguía preocupado por mi decisión. Una de mis amigas me decía: “con un hijo dudo que vuelvas a ligar”. Pero yo ya estaba empoderada. Mi prioridad no era encontrar una novia, era formar mi familia.

Conocí IVF gracias a mi mejor amiga, ella y su mujer se embarazaron cuando nadie lograba embarazarlas. Su hija es la prima de Nicolás. Se adoran. IVF-Life cuenta con un programa de rejuvenecimiento ovárico pionero en el país. Son muy cercanos, profesionales, y absolutamente lesfriendlys. Sus tasas de éxito son tan altas que lo descubrí en primera persona. Nico fue el primer embrión que me transfirieron. El test positivo fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida.

He cumplido 40 años. Soy una mujer lesbiana, madre, soltera, empresaria, y completamente empoderada con mi felicidad y la de mi hijo. Mis prioridades han cambiado, mi nivel de exigencia también. Mi vida es plena, ya no me siento como antes, con la idea de que “necesitaba” una pareja. Si alguna vez aparece, tengo claro que debe ser tan pleno o más que lo que tengo ahora.

Cada vez somos más mujeres lesbianas sin pareja que nos atrevemos a ser madres. Amigas de amigas y conocidas me han escrito para preguntarme, para saber cómo me apaño, para buscar un empujoncito para su felicidad. Si es tu caso, no lo pienses más. ¡Adelante!

IVF-Life tiene clínicas en Madrid, Alicante y San Sebastián. Ofrece de descuentos a nuestras lectoras y puedes contactar 

Fuente: Revista Oveja Rosa , Portal Diverso Ecuador.

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